🔺23 DE MARZO: ECO DE LA MUERTE DE COLOSIO EN TIERRAS YUCATECAS🕯️
- Branova Bienes Raíces

- hace 3 horas
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El 23 de marzo, México conmemora un aniversario más de uno de los episodios más dolorosos y definitorios de su historia moderna: el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta en 1994. Aunque Lomas Taurinas, en Tijuana, se encuentra a miles de kilómetros de nuestra península, la noticia cruzó el país como un balde de agua fría que paralizó también a Yucatán.
A más de tres décadas de distancia, vale la pena reflexionar sobre cómo se vivió este quiebre histórico desde el sureste mexicano.
1. El impacto en un Yucatán políticamente efervescente
En 1994, Yucatán atravesaba su propia complejidad política. El estado venía de la renuncia de la gobernadora Dulce María Sauri un par de años atrás y se encontraba bajo un interinato. En este contexto de reacomodos locales, la figura de Colosio representaba para muchos la promesa de estabilidad y de una reforma interna en el partido hegemónico. La noticia de su muerte generó una profunda incertidumbre y un vacío de poder que obligó a las estructuras políticas locales a reorganizarse de la noche a la mañana frente al nombramiento de Ernesto Zedillo.
2. El contraste con la paz peninsular
Yucatán siempre se ha caracterizado por ser un estado pacífico. Para la sociedad yucateca de los años 90, presenciar un magnicidio de esa magnitud por televisión fue un shock cultural y social tremendo. La violencia política extrema era algo que se percibía lejano al estilo de vida de Mérida y sus municipios. El asesinato rompió la burbuja de tranquilidad y sembró un miedo generalizado sobre el rumbo que tomaría la economía y la seguridad en todo el país.
El magnicidio de 1994 nos recuerda que, sin importar la distancia geográfica, las fracturas en la democracia y la paz de un país nos alcanzan a todos. A recordar la historia, para no repetirla.





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